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sábado, 1 de enero de 2011

Carta a los Reyes Magos: 2011

Esa tarde, después de mi trabajo, salí de mi despacho algo molesto al comprobar la polución de un mundo dónde la tecnología avanzaba siniestra hacia nuestra madre naturaleza.

Agotado y molesto, me preparé un café y sentándome en unos cojines, a forma de hippy, encendí la tele. Las imágenes y su descripción, era desalentadoras: Crímenes, atentado, guerras, drogas, abusos sexuales infantiles o pederastia e incendios de la naturaleza por pirómanos.

No sé por qué, un impulso irresistible, me llevó a tomar un folio y a ponerme a escribir una carta al rey mago Baltasar, el mago "negro”.

Querido rey mago de oriente, Baltasar:

Hoy no pido nada para mí, sin embargo, apelo a tu magia para que éste mi mundo materialista, vean la luz y paren en sus injusticias. La igualdad entre los seres humanos, cada vez se distancia más, los pobres y marginado, cada día lo son más. La mordedura del hambre, avanza a pasos agigantados, la belleza de nuestro planeta tierra va perdiendo su esplendor, los centenarios y vivos árboles, van siendo talados en todo el planeta tierra. Si alguien no detiene esta barbarie, la flora, los animales, y la misma raza humana, sucumbirá bajo un atroz materialismo descontrolado. Por todo ello, querido rey Baltasar, te escribo esta mi carta, apelando a tu maravillosa magia, para si es posible me regales éste mi deseo.

De pronto, por un instante, mis ojos quedaron deslumbrados ante un fogonazo de blanquísima luz. Cuando mis ojos se aclararon, comprobé una figura de un hombre extraño, ataviado de ropaje exótico, el cual mi razonamiento, no aceptaba tal realidad.
—¿Quién eres? —exclamo atónito.
—Baltasar, a quién tú has invocado. Noto tu corazón angustiado, y vengo a enseñarte el futuro de la tierra. Sígueme.

No sé cómo pero a un movimiento de su mano, al poco, me mostró una multitud de gente gritando libertad y solidaridad para los pueblos que sufrían la desolación económica de los gobernantes del mundo. Después, me llevó a otro lugar, y vi a otras personas que gritaban ansiada libertad. Sin embargo, perros guardianes les perseguían aporreándoles, pero sus voces, no podía callar. Al instante me vi transportada a una escena espantosa: niños raquíticos muriéndose por inanición que eran alimentados y cuidados por gente solidaria.

Poco después, vi gente apagando incendios en los montes, exponiendo su empeño con  su propia vida por salvar a la naturaleza.

—Como puedes ver, no todos en la tierra son tan materialistas como a ti te parece. Un gran ejército de voluntarios, de revolucionarios de la paz y de la belleza, no ceja en su lucha por un mundo más justo y bello. Y ahora sígueme y te mostraré que toda lucha solidaria, no es vana, a pesar de la resistencia de los avaros y egoístas materialistas, ellos seguirá gritando libertad y solidaridad a costa de sus propias vidas.

Y al instante, me mostró un mundo de una exquisita belleza. El medio ambiente, eran limpio, dónde la polución no existía, la flora era de un color verde brillante, las aguas de los ríos, eran tan trasparentes que se podía ver la diversidad de sus peces. El mar, de aguas azules, bañaba sus playas, dónde jugaban niños en la limpia arena. Y vi que la paz y la armonía reinaban por toda la tierra, donde ya no existían ejércitos armados ni rumores de guerras. La justicia era equitativa, sin discriminación de razas ni de colores. El sol, brillaba en todo su esplendor, calentaba pero no quemaba la piel. En la noche, las estrellas se podían ver punteadas en un manto de terciopelo negro brillante. Y los animales, felices y contentos, se les veía juguetear con su cría; pues ya no existían cazadores furtivos ni devastadores de la naturaleza. La humanidad, pareciese como fundida con la naturaleza en medio ambiente.

   —¿Es esto el paraíso? —pregunté asombrado al rey mago Baltasar.
   —Es vuestro mundo —me dijo él sonriendo.
   —Pero…pero… ¿qué ha pasado? ¿Dónde está la barbarie? ¿Dónde los ejércitos y sus guerras? Y el hambre,  y las injusticias… ¿qué ha pasado con ellas?
   —¡Ya ves, han desaparecido —me confirma con una amplia sonrisa.
   —¿Pero cómo? —pregunto atónito.
  —Amigo mío, mientras haya una voz que grite libertad, la luz avanzará y las tinieblas retrocederán…

De pronto, comprobé que me había quedado dormido escribiendo la carta, levanté la cabeza del escritorio, pero unos gritos hicieron que me asomara a la ventana. Una gran multitud gritaba libertad y solidaridad para con todas las diversas culturas que pueblan la tierra.

Fuente: La Verdad nos hace libres

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