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viernes, 26 de noviembre de 2010

RUNAS, TRAZOS MENSAJEROS

El alfabeto rúnico, se llama Futharc.
Este es su nombre, porque las primeras letras de dicho alfabeto, son: F, U, TH, A, R, C.
 
RUNA significa también: secreto, y este antiguo alfabeto, fue oráculo antes todavía de ser utilizado para la escritura.

Los trazos de cada letra, son verticales y oblicuos. No existen trazos curvos, tampoco horizontales.
 
Si obserbamos el alfabeto Futharc notaremos en el trazado de la mayor parte de las letras, ángulos que se cierran como posibilidades que se bloquean, que se desaconsejan, que terminan en un "no", y ángulos que se abren como pliegues abiertos, que amplían posibilidades, que abren perspectivas, que muestran caminos de acción.

El diseño de cada letra, tiene íntima relación con su mensaje. Existen algunas runas que poseen una doble lectura, según salgan derechas o invertidas al realizar una tirada.
 
Los Vikingos fueron pueblos guerreros, marciales, de decisiones contundentes. Esta, su forma de ser, quedó plasmada en sus misteriosas letras llamadas: runas.
 
Cada runa es una fotografía diagnóstica del momento en que se tira, mostrando al que consulta: ciclos, posibilidades, certezas, o inconveniencias para su proceso. Cada runa retrata situaciones de vida de esa persona. Se constituyen en partes del camino del héroe, que somos nosotros mismos en nuestro recorrido vital.

En nuestra ansiedad por conocer el futuro, los seres humanos, nos hemos preguntado siempre: que nos pasará el día de mañana o que resultará de tal o cual situación de nuestra vida. Estos tiempos de turbulencias, de cambios, de transformaciones, nos llevan obligatoriamente a concentrar nuestra atención en el momento presente, en el instante infinito.
 
Para ayudarnos a soportar aquello que no sabemos ni podremos saber tejemos hipótesis y conjeturas acerca de la concordancia entre nuestro presente, nuestro pasado y nuestro futuro. En estos tiempos de movimientos, transformaciones y turbulencias, los seres humanos buscamos una voz, una vibración, un sonido, una letra que nos facilite la captación de la sabiduría infinita. Ese mensaje viaja hacia nosotros, a través de diferentes canales.
Para mí, las letras, van cruzando el puente del arco iris desde la morada de los dioses hasta la morada de los hombres.
En cada tirada, las runas me siguen murmurando su secreto, armando rompecabezas desde el caos hacia la comprensión de cada situación que me muestran.

Para que cada pieza sea colocada en su lugar, necesito abrir mi voz a la confianza, respirarla pacientemente, y aguardar la vibración del sonido de cada palabra. Con gran asombro de mí parte, las palabras se ubican cada una en su lugar, a través de mí y más allá de mí, permitiéndome armar delicados bordados, encajes mandálicos que muestran el núcleo de lo que sucede y caminos que nos permiten entender los: "para que".
 
Llegado a este punto de profundidad en una tirada, la pregunta de: ¿qué me sucederá con mí futuro, empieza a disolverse naturalmente? Con simplicidad y necesesariamente, lo que crece es el centro del mandala, que representa la sabiduría para nuestro accionar de hoy.

Esa sabiduría como centro irradia su fuerza de tal modo que barre con todos los: "¿Por qué a mí?" y todos los "que me va a pasar con".
 

La armonía llega en forma de alivio cuando gira el caleidoscopio de las palabras y el centro acomoda las sugerencias.

Reina así un nuevo orden que encadena los mensajes. Recién entonces, llega el momento del agradecimiento, las letras vuelven a cruzar el puente del arco iris desde la morada de los hombres hasta la morada de los dioses. Se cierra allí, un tiempo sin tiempo se vuelve entonces al transcurrir cotidiano. Se cierra el paréntesis como la delicada tapa de una caja de música, que guarda un secreto entre dos. 


Autora: Cecilia Bergoboy

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