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martes, 22 de enero de 2013

Curso de Metafísica - Clase 47 - Los cuatro vehículos inferiores

Se ha dicho que "Dios Necesita un Cuerpo" y que para este propósito fueron creados los cuatro cuerpos inferiores del hombre, o sea, las formas físicas, emocional, mental y etérica.
El estudiante alcanza el conocimiento intelectual de que Él no es el cuerpo físico y que hay una Presencia Divina que es su propia identidad eterna, dentro del ropaje físico, pero sin embargo, comprende hasta cierto grado que el cuerpo físico es un organismo inteligente, viviente, que respira, que posee apetitos propios, y que, como todo animal superior, el cuerpo físico busca la satisfacción de estos deseos por la vía de sus cinco sentidos. Los estudiantes que esto aprenden están, pues, alertas para identificarse con el Principio Superior Divino, y están aprendiendo a gobernar el traje de carne con cierto grado de éxito.
Hay pues, otras tres entidades inteligentes, vivientes, respirantes, que pertenecen a cada corriente de vida, o sea, el etérico, el emocional, y el mental inferior. Tienen su propia inteligencia y sus propios apetitos.
Estos cuatro cuerpos inferiores han gobernado al hombre a través de su ser consciente durante siglos, actuando independientemente de la chispa espiritual que debería ser la Inteligencia dirigente actuando a través de todos.
Vamos a tomar como ejemplo el cuerpo mental, en el cual están depositados los conocimientos y la acumulación de hechos reales y fantasiosos, principios ortodoxos e ideas concretas que pueden o no ser verdad. El cuerpo mental vive del incremento de conocimientos. Tanto más se le alimenta, tanto más crece y tanta más energía exige a la Chispa Divina. En la satisfacción de sus demandas, el cuerpo mental se vuelve un vehículo pesado, engorroso, difícil de manejar y que se convierte en un tirano. Cuando el cuerpo mental crece por demás, el verdadero maestro, o sea, la Llama Triple en el corazón, es impedida de expandirse y el incremento mental se vuelve una acumulación de energía que grita y llena la conciencia ahogando la VOZ DEL SILENCIO.
El cuerpo mental no debe ser sino un depósito o alacena para ciertas verdades que pueda necesitar la Chispa Divina para expandir el conocimiento de la Verdad en el mundo de la forma, más o menos como hace un conferencista cuando se refiere a sus anotaciones para esclarecer sus puntos. La mayoría de los "gigantes intelectuales" están abarrotados contra su propio despertar espiritual.
El cuerpo etérico también fue creado para depósito en el cual las experiencias personales del individuo, quedarán archivadas. Se diferencia del mental en que sólo archiva lo perteneciente al sujeto, mientras que el mental puede archivar ajenas también. Sin embargo, el etérico se ha convertido en una acumulación de experiencias tan obscenas que dejan al pasquín más pornográfico en la categoría de lo "inocente".
El etérico vive sacando la energía consciente del centro cardíaco, para repasar y volver a vivir estos excesos corruptos del pasado. Cuando la atención está firmemente anclada en el sentimiento de estos viejos fiascos, el cuerpo etérico puede que perpetúe y repita las actuaciones que lo hacen vibrar de gozo a medida que la energía vital lo niega, y en lugar de ser un archivo de los poderes divinos que han cursado en la corriente de vida, se convierte en "la calavera en el desván". Es sumamente peligroso porque vive como un vampiro chupando la energía divina de la Presencia.
Y ahora el cuerpo emocional. Este es el premiado. El ochenta por ciento de la energía humana, que es energía divina, está enfrascada dentro de los nutridos confines del cuerpo emocional.
El mundo emocional le fue dado al hombre por su Identidad Divina para que la energía fluyera al mundo físico y elevar trasmutando en amor, armonía, paz, etc., las fuerzas de los elementos, pero en vez de eso, se ha convertido en una tremenda acumulación de pasión y emotividad. Este cuerpo extrae constantemente de la fuente llamada de Vida del Corazón, toneladas de energía divina, usándola para satisfacer su legión de apetitos insaciables. El cuerpo emocional sólo se siente feliz cuando está en constante estado de flujo. Vive de la excitación que puede ser generada en innumerables formas.
Permítanme darles unos cuantos ejemplo: la posesividad, una tremenda forma sentimental que extrae la energía divina para ahogar el objeto de sus afectos: la chismografía, que es de las más insidiosas, porque lanzando un veneno, impulsa las ruedas de la emoción en alguna corriente de vida y pronto se ha formado una conflagración interior; la crítica, la condenación y el juicio ligero están muy relacionados. La crítica silenciosa de ver fallas, defectos, y discrepancias en otros y no mencionarlos, perturba el propio cuerpo emocional, genera causas de discordia que provocan reacciones y perturbaciones físicas en uno mismo, pero la crítica hablada pone a los cuerpos emocionales de terceros en acción vibratoria análoga y sus efectos son sin límites.
Las emociones verdaderamente malignas están muy en evidencia, tales como los celos, el odio, la ira y la malicia, y ya no atacan tanto a los aspirantes corrientes de vida. La concupiscencia es considerada hermana de las mencionadas emociones malignas, pero hasta que no se haya logrado el glorioso cuerpo de la Luz Eterna, la concupiscencia es muy evidente aún en los más avanzados discípulos, a pesar de todo lo que se pueda alegar para contrariarlo.
Esta no es sino una exposición superficial, pero basta para hacer ver que la persona corriente no está consciente de estas entidades vivientes, vampiros de la Vida de Dios en ella. Tampoco está consciente de que la existencia de estas entidades vivientes negativas en el universo es una causa constante del hábito en el individuo. A no ser por la gracia y la constante intercesión de los iluminados mensajeros de Dios, el universo se destruiría en muy corto tiempo.
Nosotros, los que vivimos en los Reinos de la Perfección, estamos siempre para servir y ayudar a la humanidad de esta Tierra, y nuestra gratitud es sin límites hacia los discípulos dedicados que voluntariamente utilizan la energía que fluye a través de ellos, para la purificación de la Tierra y sus evoluciones.
El Padre - Madre Dios creó los cuatro cuerpos inferiores para que expresasen el Plan Divino, y cuando el individuo le entregue su propio gobierno al Ser Divino, a su Amada Presencia YO SOY, encontrará que esta incesante batalla y ajetreo cesa, y que la conciencia individual se convierte en una expresión de la Voluntad de Dios, en lugar de ser una arena en la cual se debaten los cuatro vehículos, cada uno buscando atrapara la atención y la energía del individuo.
Invoquen la pureza para los cuatro vehículos inferiores propios y de toda la humanidad.
Que ningún discípulo se crea más santo que el otro, pues no sabe lo que tiene acumulado en sus vehículos inferiores.
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RECLAMEMOS EL DERECHO A EQUIVOCARNOS
He observado largamente cómo, desde los representantes más cualificados de la ciencia llamada académica, hasta los más humildes y fieles servidores de los planteamientos oficialistas del saber, celebran gozosos cualquier error de quienes preconizan caminos inéditos para la investigación y basan en esos errores - frecuentes, reconozcámoslo - los motivos para emprender un rechazo visceral de cualquier búsqueda hacia nuevas vías de desarrollo de la conciencia. En el fondo, tales actitudes no son más que la justificación timorata de unos miedos genéticos que les han impedido penetrar en aquello que se les señaló como prohibido, cuando, por pura inercia o por imperativos culturales monolíticos, eligieron su integración en las coordenadas del pensamiento racionalista.
El conocimiento del Cosmos, como el de uno mismo, nunca podrá realizarse a través de disciplinas encajadas en compartimientos estancos, carentes de la mínima ósmosis que permita la intercomunicación de experiencias supuestamente dispares. El conocimiento, por el contrario, es una búsqueda constante de la Totalidad, una búsqueda emprendida desde un antro oscuro, de luces equívocamente esclarecedoras, que apenas nos permiten percibir nuestros propios límites, mientras nos escamotean los del vecino y nos obligan a ignorar aquellos otros que se encuentran más allá de nuestra cortísima área de percepción.
Pero ese escamoteo, lo mismo que esa percepción apenas tolerada, no deberían en modo alguno constituir una barrera, y mucho menos, una traba formal que impidiera incluso la intención expresa de ampliar las metas de nuestro conocimiento. Por el contrario, tales impedimentos tendrían que convertirse en acicates que nos impulsaran a escapar hacia zonas más luminosas que nos permitieran explorar con claridad áreas más extensas del saber, y que nos obligaran a asumir la urgencia de ampliarlas hasta lo límites mismos de nuestra capacidad efectiva de asimilación.
En ese antro de tinieblas integrales en el que nos obligan a movernos, allí donde la vista no logra ya profundizar y el oído anquilosa su capacidad de percepción por la ausencia de ecos que nos marquen los límites reales de nuestro entorno, es el tacto mental el que puede llegar a realizar el intento de delimitar los perfiles preciosos de nuestra cárcel y ayudarnos a salir de ella. Palpando los muros podemos localizar los agujeros que nos invitarán a emprender la exploración consciente de lo desconocido, y, una vez encauzados por uno de esos túneles tendremos que caminar con sumo cuidado, aunque siempre con la idea lúcida de que la oscuridad del mundo racional esconde un número incontable de trampas que sólo podríamos superar si equilibramos la osadía y la prudencia.
No seamos, sin embargo, tan optimistas como para suponer que seremos capaces de librarnos de los descuidos. Por el camino que hemos emprendido hay charcos, barrizales, arenas movedizas, pozos, aristas afiladas y hasta restos putrefactos de otros compañeros que se aventuraron, como nosotros, y se quedaron perdidos en unos cepos que no fueron capaces de sortear. Cuando tropezamos con tales obstáculos, seamos conscientes de que el clamor de nuestro percance llegará a los oídos de los que se quedaron aguardando pacientemente en la caverna oscura, barruntando y deseando a la vez el accidente que hemos sufrido. Y no lo dudemos: todos, absolutamente todos, sin excepciones perceptibles, captarán el patinazo que hemos sufrido y no sólo se reirán de nosotros, sino que nos tomarán como pretexto que les justifique a sí mismos la pereza de haber permanecido inmóviles, y hasta tranquilos y satisfechos, en su antro de tinieblas.
Es en ese instante cuando hay que plantearse si es preferible seguir adelante en la búsqueda de un conocimiento libre y sin trabas, o si conviene arriar velas y volver al puerto; si sortear la trampa y seguir, aunque sea a tientas, hasta la siguiente, o desandar lo andado y volver a la cueva del conformismo, a seguir fabricándonos esquemas racionales y silogismos perfectos, que no harán sino aletargarnos definitivamente los sentidos en los límites estrictos de la ortodoxia obediente y de la ceguera sumisa.
Si volvemos, es probable que nos acojan como al hijo pródigo, o como la oveja descarriada que optó por volver al redil: premiándonos con el mejor bocado de la ración diaria de saber dirigido y de conocimiento manipulado. Por el contrario, si seguimos adelante, sin hacer caso de risas y burlas, cabe - aunque tampoco es seguro, pero no importa - que acallemos la escandalera que provocamos con el patinazo y que algún otro sienta, la llamada y se decida a intentar la escapada que tuvimos la osadía de emprender.
No pensemos, sin embargo, que existe una opción más gratificante que otra. Pues si obramos con el pensamiento fijo en las gratificaciones ajenas a nuestro propio empeño, si sólo nos impulsamos con el aplauso o con el repudio de los demás, nuestra osadía no habrá constituido más que un espectáculo circense, una pirueta en el trapecio sin red protectora, que sólo habrá de servirnos para pasar después el platillo entre la concurrencia - concurrencia de fieles ortodoxos unas veces, de iluminados heterodoxos otras - y esperar que su óbolo nos sirva para seguir alimentando nuestras pobres esperanzas cotidianas.
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NIVELES DE SUEÑO DURANTE EL DORMIR NORMAL
Como ya se ha dicho, nuestra mente no deja de funcionar cuando dormimos. Si no hemos resuelto un asunto durante el día, éste buscará ser completado en el estado de sueño. Así es que, el primer nivel del sueño se referirá a nuestra realidad tridimensional inmediata: nuestros cuerpos, relaciones y asuntos. Las conclusiones tomadas en este nivel, serán expeditas (positivas y negativas), aunque algo absurdas. Soñaremos que estamos tomando agua de un pozo profundo si es que tenemos sed; que estamos haciendo el amor, si estamos sexualmente frustrados, ; que le estamos dando un puñetazo al jefe, si estamos furiosos con el trabajo; o que llamamos a un amigo que acaba de llegar. Aquí podemos encontrar la respuesta a situaciones amenazantes e intuir proféticamente las situaciones de las personas con las cuales estamos emocionalmente involucrados. Este es el nivel de rapidez física, mental y emocional y el más común cuando dormimos.
Digamos que de alguna manera hemos resuelto nuestras actividades del día y no hay nada que nos atraiga en esa dirección, el siguiente nivel de sueño es la realización de nuestros anhelos: nuestros deseos, esperanzas y aspiraciones. Junto con esto, para algunos existirán las tácticas de sabotaje de los niveles profundos del cuerpo emocional y del subconsciente: culpas, miedos, proyecciones catastróficas de violencia y desastres, las espantosas pesadillas.
Si estamos tranquilos con nuestra vida diaria y sabemos cuáles son nuestros deseos y esperanzas (y quizás les damos algún tipo de salida creativa) los niveles de sueño de ahora en adelante pertenecerán mayormente a la vida interdimensional. Aquí residen las soluciones a los problemas creados por la mente superior, como en el caso de los grandes científicos que dicen haber encontrado en sueños las respuestas a complicados problemas matemáticos, o que se han despertado y encontrado la respuesta inmediatamente después. Este recinto del sueño pertenece a la vida de la mente superior (más allá del pensamiento personalidad) y a la vida espiritual de los planos elevados.
En este último nivel del sueño encontraremos todos los símbolos, desde los colectivos hasta las altamente abstractas formaciones de color de las dimensiones superiores. Aquí también se encuentra la transfiguración y vívidas escenas de vidas pasadas que se suceden a veces como una película. Y qué decir de los sueños proféticos (que no pertenecen a nuestra vida personal inmediata) y los encuentros con figuras sabias, arquetipos del mito y la fantasía.
Estos niveles del sueño se relacionan con nuestra experiencia dentro de los mundos de imágenes de la mente inferior, Superior y Crística, y puede ser igualmente aplicable tanto a los estados de vigilia como de sueño. Esto incluye lo que se llama el fantaseador, el soñar despierto, el meditar e intuir chispazos premonitorios y toda evocación inexplicable y extraña.
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MEDITACIÓN 32
Duración: 1 semana
Con cada decreto se hará una vuelta de mala dos veces por día
PLEXO LARÍNGEO
YO SOY EL FUEGO Y LA LUZ EN EL CENTRO LARÍNGEO
PLEXO FRONTAL
YO SOY LA LUZ EN EL PLEXO FRONTAL
PLEXO CORONARIO
YO SOY LA LUZ EN EL CENTRO CORONARIO

Autora: Alexiis

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