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jueves, 22 de noviembre de 2012

Curso de Radiestesia - Clase 12. Sistemas de detección

ESCALAS Y BIÓMETROS
A la hora de establecer una consciencia clara de las intensidades energéticas, de su positividad o negatividad, podemos ayudarnos haciendo uso de una serie de escalas graduadas, las cuales nos permitirán afinar al máximo.
Para comprender el uso y función de las escalas y biómetros, podemos compararlos a los termómetros con los que medimos la temperatura ambiente. Podríamos prescindir de los termómetros y sus códigos y decir simplemente “hace frío, hace calor o reina una temperatura templada”. (El frío o el calor serán positivos para unos y negativos para otros) Pero por lo general preferimos comunicarnos diciendo:”Tan sólo estamos a cuatro grados. ¡Qué frío!”. O bien:”Estos 38 grados son insoportables”.
¿Grados qué? Grados centígrados o Celsius, naturalmente. Pero ¿qué son grados centígrados? Tan sólo una unidad de medida, que ha sido estandarizada y con la que nos hemos familiarizado a fuerza de mirar los termómetros, y que nos sirve de referencia para valorar la temperatura del lugar.
Pero si yo les dijese:”En esta habitación estamos a 76 grados”, seguro que no se lo creerían. Su mente les haría pensar en que a esa temperatura estaríamos hirviendo. Claro que si especifico que esos 76 grados son Fahrenheit y no centígrados, entonces todo se aclara, pues 76º F equivalen a unos 23º C.
Con este ejemplo quiero evidenciar la importancia del código empleado en radiestesia, no tanto para la comprensión de uno mismo en sus deducciones o mediciones, sino para que otros comprendan lo que estamos haciendo o las conclusiones a las que llevan nuestras mediciones.
El uso de códigos o escalas estandarizadas nos facilitará la comunicación y el intercambio de información con otros investigadores.
Uno de los códigos o escalas de medidas más empleado en geobiología quizá sea el biómetro de Boris (suministrado en hoja aparte), nombre de un radiestesista francés que a principios del siglo XX creó su escala propia. Con ella se proponía medir la vibración y la energía de los alimentos. Gracias al uso de esa escala, muchas personas consiguieron curarse de numerosas enfermedades, midiendo los alimentos que ingerían y consumiendo tan sólo aquellos que tenían vibraciones altas, que suelen ser las frutas y verduras frescas, los cereales integrales, etc.
El ingeniero francés Simonetton curó de una tuberculosis pulmonar cuando la medicina convencional de los años cuarenta le había desahuciado, pues aún no se usaban los antibióticos, como la estreptomicina, para tales dolencias.
Este ingeniero, especialista en electricidad y electrónica, amplió la escala, añadiéndole unas unidades de angstroms (nanómetros), ya que observó una similitud de las radiaciones medidas con las longitudes de onda, que se miden en angstroms.
Lo cierto es que tal paralelismo no es exacto, y finalmente se estableció el término “unidades Boris” en el biómetro que lleva su nombre.
Tras muchas mediciones de plantas, animales, personas, de gente sana y de enfermos con dolencias precisas, tanto Boris como Simonetton llegaron a la conclusión de que 6.500, dentro de la escala de 0 a 10.000, era la unidad a la que vibraba cualquier persona sana, sin trastornos específicos. Pero observaron que los cancerosos solían estar en la frecuencia 4.000-4.500, los tuberculosos entre 5.000 y 5.500, etc.
Cada enfermedad daba una frecuencia por debajo de los 6.500. Las personas sanas y con mucha vitalidad superaban esta medida, situándose entre 7.000 y 8.000. Aunque se daban casos de personas cuya energía global estaba en 6.500, mientras que un órgano concreto tan sólo daba 4.500, con lo que se establecía que tal órgano estaba enfermo o dañado.
Años más tarde, esta misma escala sería recuperada por algunos radiestesistas practicantes de la geobiología, los cuales observaron que los lugares negativos o geopatógenos daban medidas inferiores a las 6.500 unidades Bovis. Así pues, en la vertical de una línea H (Hartmann) se podían medir 5.500, sobre un cruce 5.000 y si, además estaba situado sobre una corriente telúrica o cerca de un fuerte campo electromagnético, podía descender a 4.000, deduciéndose de ello que el órgano que ocupase ese espacio se vería afectado por la energía del lugar y terminaría vibrando a la misma frecuencia.
Si tenemos en cuenta que tanto Bovis como Simonetton observaron que cada virus, bacteria, hongo o enfermedad tenía una frecuencia de vibración inferior a los 6.500, comprenderemos la relación directa entre la energía del lugar y el trastorno padecido, ya que el órgano, por inducción o resonancia, terminará vibrando en la misma frecuencia que la enfermedad en cuestión.
De ahí a pensar que cambiando la frecuencia de vibración del órgano el problema se resuelve, hay un paso. De hecho, muchos terapeutas actuales van en esa dirección. Aunque quizás no se precise terapia alguna, ya que tan sólo desplazándonos de lugar conseguiremos cambiar la frecuencia vibratoria del órgano en cuestión, y éste empezará a funcionar correctamente, permitiendo el restablecimiento rápido a la no proliferación del virus o germen patógeno que nos afecta.
Es evidente que no sólo el lugar afectará a nuestras vibraciones. Ya hemos mencionado que ciertos alimentos desvitalizados también lo hacen, así como determinados hábitos de vida, el estrés o el permanecer frente a la pantalla del ordenador o del televisor…
USO DEL BIÓMETRO
Repito que se trata de una escala referencial, que nos informa de la calidad de alimentos, agua, plantas medicinales, lugares, etc.
Su uso servirá de punto de referencia, y no creo que sea muy coherente el usarlo cuando vayamos al supermercado, para medir la energía de lo que compramos (aunque bien podemos hacerlo luego, en casa).
PARA MEDIR UN LUGAR
Cogeremos la escala con la mano que no empleamos para sujetar el péndulo y con ella le daremos un ligero movimiento. Generalmente, se empieza imprimiendo un giro en el sentido de las agujas del reloj. Una vez hecho esto, vamos desplazando el péndulo sobre la escala, hasta que observamos que modifica la oscilación y termina realizando un movimiento vertical hacia arriba y hacia abajo. En ese punto miramos las cifras y sabemos que ese lugar está, por ejemplo, a 7.500, lo que nos indica que tiene buenas energías y será positivo como lugar de descanso o estancia.
Recordemos que no son ni el péndulo ni el biómetro los que nos están informando de la energía del lugar, sino nuestra sensibilidad personal y la información de nuestra parte inconsciente, a la que estamos dando la oportunidad de manifestarse a través de un péndulo y una escala.
La misma operación realizada para medir un lugar podemos emplearla para alimentos, personas, órganos concretos, etc. La imaginación y necesidades de cada uno serán los únicos límites.
Podríamos emplear con el mismo fin cualquier otra escala que nos sirviera de referencia. Por ejemplo, ya que estamos habituados a la tabla de valoración de 0 a 10 de los exámenes escolares, 0 sería la más negativa posible, 5 normal o neutro y 10 la más positiva.
El recorrido del péndulo sobre la escala puede ser el mismo, empezando por la unidad más baja y terminando por la más alta. El paro del péndulo o la oscilación vertical indicarán la positividad o negatividad de lo medido.
Usar una u otra escala obedecerá más a unas preferencias personales que al hecho de que una sea mejor que la otra. Aunque yo prefiero la de Bovis (modificada), tan sólo por ser la más estandarizada y porque gracias a ella, cuando compartimos nuestras experiencias o mediciones de un lugar, tan sólo por tenemos que decir:”Aquel sitio medía 3.000 unidades Bovis”, para que la otra persona sepa que nos referimos a un lugar muy negativo para la salud. O bien decimos:”Medí 8.500 en aquella esquina”, sabrá que estamos hablando de un lugar cuya energía será altamente positiva o ideal para recargarse y subir nuestro tono vital.
BÚSQUEDA DE AGUA
En tanto que muchos radiestesistas de la actualidad se interesan por todo tipo de radiestesia esotérica, como el uso del péndulo para curar, etc., no tengo la menor duda que en el futuro la habilidad radiestésica más importante del planeta será la capacidad para encontrar fuentes fiables de agua potable de buena calidad.
En primer lugar, la contaminación está perjudicando las reservas de agua sobre la superficie de la tierra. Los radiestesistas sugieren que existe otra fuente de agua que se encuentra bajo tierra. Esta agua recibe el nombre de juvenil o primaria, y es distinta al agua que se obtiene del nivel de agua freático. El agua juvenil no ha sido reciclado mediante el conocido proceso de evaporación, nubes y lluvia, sino que es producto de determinadas reacciones químicas. En cierto modo es un agua recién estrenada. Está limpia y no ha sido utilizada jamás. Por lo general es potable. El agua juvenil es la que la mayoría de los radiestesistas buscan cuando están intentando localizar el lugar adecuado para abrir un pozo.
¿Cómo se puede aplicar la radiestesia para encontrarla? La naturaleza nos ha dado algunas señales tanto en el mundo animal como en el vegetal que indican una afinidad entre las venas de este tipo de agua subterránea y determinados animales y plantas. Si eres capaz de encontrar dichas señales, no te resultará difícil aplicarles la radiestesia para encontrar agua juvenil. Las señales que hay en la superficie de la tierra confirmarán las señales que se deriven de la radiestesia. Tal vez nunca intentes en serio encontrar un pozo a través de la radiestesia, pero creo que si realizas los ejercicios, ello te hará estar al aire libre experimentando la presencia de la naturaleza, y es posible que descubras cosas que antes nunca habías advertido. También empezarás a experimentar las energías de la tierra.
Lo que más interesa a los radiestesistas que buscan una “buena vena de agua” es el agua que no sale a la superficie. El agua juvenil nunca ha formado parte del nivel de agua freático. Las aguas del nivel de agua freático, mucho más maduras, pueden resultar contaminadas por el hombre. Pero el agua juvenil no ha estado nunca expuesta a los agentes contaminantes.
Los radiestesistas buscan venas de agua juvenil que se encuentran a una profundidad de 15 a 76 metros. No vale la pena trabajar a una profundidad superior a los 121 metros, pero existen algunos pozos por debajo de ese límite que pueden resultar aprovechables. El mejor lugar es siempre un cruce, el lugar en el que se encuentran dos venas de agua potable de buena calidad que producirán como mínimo 19 litros de agua por minuto durante todo el año.
Cuando digo “cruce” no me refiero a que las venas se encuentran a idéntica profundidad. Por lo general, las venas están a profundidades distintas. La perforadora que baja desde la superficie cruza las venas a diferentes profundidades. Si perfora deliberadamente sobre un cruce o intersección de venas, las posibilidades de que encuentre agua aumentan en un cien por cien.
Aplicando la radiestesia, la naturaleza proporciona algunas pistas que pueden ayudarte a encontrar como mínimo una vena de agua juvenil subterránea. Ello significa que deberás desplazarte al campo, pero es posible que te cause sorpresa todo lo que veas. Muchos insectos construyen sus nidos en venas o cruces de venas de agua juvenil. Los radiestesistas han comprobado que las hormigas construyen sus hormigueros encima de venas de agua juvenil. Tengo entendido que las termitas también viven sobre venas de este tipo. Las abejas salvajes sitúan la entrada a sus panales sobre este tipo de corrientes de agua. Y si las abejas forman un enjambre, lo hacen también encima de las venas de agua juvenil.
Muchos animales colocan la entrada a sus guaridas subterráneas sobre venas de agua juvenil. Se ha aplicado la radiestesia sobre guaridas de marmotas, serpientes, tejones, zorros y perros de la pradera y todos estaban sobre venas de agua.
¿Tienes un gato? ¿Tiene un par de rincones favoritos en la casa? Los lugares que los gatos parecen preferir a menudo indican la proximidad de agua juvenil.
Hay una serie de plantas que en estado salvaje echan raíces sobre venas subterráneas de agua juvenil. El enebro, utilizado por los césares para envalentonar a las tropas antes de la batalla y hoy más conocido por ser la base de la ginebra, es uno de los arbustos más grandes que crece en los pastos si el campo puede saltar atrás en la cadena natural y convertirse en bosque. El enebro crece a partir de un centro de arbustos.
Muchas de las observaciones sobre el agua y los lugares en los que las plantas prefieren crecer y algunos animales gustan de pasar cierto tiempo, fueron hechas por primera vez por un radiestesista británico, Guy Underwood. Pasó años deambulando por la campiña inglesa a mediados del siglo 20 y plasmó sus descubrimientos en su libro “El dibujo del pasado”. Desde la publicación de dicho libro muchos radiestesistas han confirmado la conexión que existe entre los fenómenos.
A continuación te daré un ejercicio que incluye una serie de consejos que puedes seguir a fin de incrementar tus posibilidades de encontrar agua de buena calidad:
“En primer lugar, cuando busques un manantial, pregunta por un cruce de dos o más venas de agua juvenil, que sean potables, y no se encuentren a más de 76 metros de profundidad, que produzcan al menos 19 litros de agua por minuto (es más que suficiente para cubrir las necesidades de una casa) y que una de ellas fluya todo el año.”
Es mucho más seguro buscar una vena que produzca al menos 19 litros, porque te proporciona una reserva a la que puedes recurrir en caso de necesitar grandes cantidades de agua. A veces, el agua juvenil tiene un alto contenido en azufre u otras sustancias químicas de sabor desagradable. Si es demasiado profunda, los costos de perforación son prohibitivos y si el manantial se seca cada verano, ¿de qué sirve?
Permite que las técnicas del límite de orientación y de la triangulación te guíen hasta el lugar en el que se encuentra el manantial y en el que los movimientos del péndulo te indicarán si te acercas al objetivo. Averigua cuántas venas se cruzan en ese punto. ¡No perfores nunca en una colina redonda! La enorme presión del aire sobre la superficie de la tierra oprimirá la cabeza de la colina redonda hacia abajo hasta que la presión que empuje el agua lateralmente sea igual a la presión que se ejerce hacia abajo. El resultado final es que perderías el agua.
Aplica el péndulo a las venas que parten de la colina. Siempre parte un número impar de venas de una colina. Lo mejor es que busques un lugar en el que crucen dos de esas venas (a diferentes profundidades). Dos venas que se cruzan tienen el aspecto de una “X” sobre la superficie de la tierra, pero una podría estar a una profundidad mucho mayor que la otra.
Ha llegado el momento de determinar la profundidad. Con el péndulo en su posición de búsqueda pregunta:” ¿Está a más de 15 metros de la cabeza de la vena superior?”. Si el péndulo responde que sí:” ¿A más de 30?”. Sí. “¿46?”. No.
Así que conoces (sabes por intuición) que está entre 30 y 46 metros de profundidad. Observa que en la segunda pregunta he omitido la parte: …. metros de la cabeza de la vena superior, y en la tercera he omitido todo menos: ¿46?
Esto es la radiestesia RESUMIDA. A veces, cuando formula muchas preguntas similares, el radiestesista recorta la pregunta para ahorrar tiempo. En el contexto de lo que se decía en las preguntas anteriores significa: “¿Está a más de 46 metros de la cabeza de la vena superior de las dos venas de agua juvenil que se cruzan en este lugar?” La vena superior está en algún punto entre 30 y 46 metros por debajo de la superficie de la tierra.
Si quieres ser más específica en la cuestión de la profundidad, puedes formular tus preguntas en consecuencia. También puedes emplear la tabla del cero al cien. Si ya has determinado que la vena está a una profundidad entre 30 y 46 metros, la carta puede representar los números del 100 al 200 en lugar del 0 al 100. Coloca el péndulo sobre el eje del abanico y pregunta: “¿Cuántos metros por encima de treinta median entre la vena inferior y la superior que se cruzan en este lugar?” El límite de orientación empezará en el nº 50 y se dirigirá, por ejemplo, al 11. De modo que la profundidad total hasta la cabeza de la primera vena es de 41 metros.
Mediante la misma técnica, puedes averiguar la profundidad de la cabeza de la vena inferior. Así, sólo tendrás que perforar un poco por debajo de esa profundidad.
Un radiestesista de agua o zahorí debe ser capaz de determinar también cuántos litros por minuto, potencialmente, puede esperar el propietario de la casa del manantial. Esto se lleva a cabo con la misma técnica del “más que/menos que” que empleamos en la determinación de la profundidad. Empieza por un litro, dos, tres… Cuando llegues a diez, sigue con decenas hasta que obtengas un no. A continuación averigua el número exacto de litros como se ha dicho en el caso de la profundidad. También aquí puedes servirte de la tabla del cero al cien.
Ahora ya estás en condiciones de clavar una estaca en el lugar exacto e indicar al perforador dónde debe perforar. Clava la estaca: “¿Es éste el mejor lugar para que el perforador empiece a perforar?” Sí. “¿La repuesta es verdadera?” Sí. ¡Ya lo tiene ¡
Como en todas las actividades relacionadas con la radiestesia, los zahoríes no siempre tienen éxito. Tu tampoco lo tendrás siempre. Pero si consigues perfeccionar tus conocimientos hasta el punto en que seas capaz de encontrar agua potable al menos el 85% de veces, entonces podrás prestar un servicio muy valioso.
LAS VARILLAS
A aquellas personas a las que el péndulo y las escalas les resulten complicados de usar e interpretar, les aconsejo que empiecen las prácticas radiestésicas con unas simples varillas en forma de L, fáciles de conseguir y manejar.
LAS VARILLAS EN L
¡Más simple imposible! Se trata de dos varillas de cobre, latón u otro material. Recomiendo el cobre y sus aleaciones por tratarse de un metal con una vibración muy armónica para el ser humano. Desaconsejo el aluminio y el plomo: el uno por demasiado ligero y el otro por pesado y por su poder de absorción de las radiaciones.
La longitud es variable; la más frecuente suele ser de 40 a 45 cm. en la extremidad larga, por unos 15 cm. en la corta, ver gráfico arriba (adjunto). El grosor, de 3 a 5 mm., según dimensiones. Será importante que el peso y la longitud estén proporcionados para que no creen desequilibrios en su manejo.
Doblándolas en ángulo recto, obtendremos el instrumento más simple y fácil de usar en radiestesia y geobiología, al que podemos incorporar unos mangos de plástico o madera que eviten roces con la mano y les permitan pivotar con mayor facilidad (no es imprescindible).
COMO MANEJAR LAS VARILLAS EN L
Empezaremos las prácticas intentando reconocer los micromovimientos que permiten a las varillas oscilar. Cogeremos cada varilla con una mano, sujetándola por la extremidad más corta. Mantendremos los brazos junto al cuerpo con las manos y antebrazos extendidos, formando un ángulo de unos 90 grados y una separación entre las manos de unos 30 a 40 cm.
Moveremos ligeramente las muñecas y manos, hasta observar que las varillas oscilan, acercándose o cruzándose en forma de X, o alejándose hasta oponerse una a otra.
Este ejercicio será interesante practicarlo el suficiente número de veces, hasta que nos familiaricemos con los movimientos. Podemos acompañar la experiencia con una orden mental:” ¡Que se cierren!”, y veremos que las varillas se juntan; “¡Que se abran!”, y observaremos que se separan.
Todo esto quizá sea inútil para las personas que posean ya cierta sensibilidad, como ocurre con la mayoría de los niños, pues tan sólo con coger las varillas con las manos, se cierran o abren, según pasan por zonas alteradas o favorables.
Pero serán ejercicios imprescindibles para quienes tienen mayor dificultad, o para aquellos cuyos esquemas mentales bloquean las reacciones automáticas.
DETECTAR LA INFLUENCIA DE LOS LUGARES
El código es de los más sencillos; cuando estamos en un lugar de energía favorable, nos encontramos relajados y a gusto, por lo que las varillas no sufren reacción alguna, permaneciendo paralelas o ligeramente abiertas (véase gráfico adjunto).
Cuando nos situamos en una zona o lugar cuya energía nos resulte agresiva, nos produce una contracción neuro-muscular y observamos que las varillas empiezan a cerrarse hasta cruzarse una con otra. Cuanto más negativo sea el lugar, más se cerrarán. En ocasiones, y sobre lugares muy perjudiciales, veremos como llegan a golpearnos el percho (ver gráfico b).
En los lugares cuyas energías resulten altamente positivas, las varillas tenderán a abrirse. Pero si esta separación es muy acusada, ¡cuidado! No nos conviene por ser demasiado elevadas.
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BIÓMETRO Y VARILLAS
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 Autora: Alexiis

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